jueves, 21 de marzo de 2013

Aguja e hilo


Hace un rato he estado remendando unos pantalones. Ha sido la actividad más agradable y gratificante que he hecho en una semana. O tal vez meses.

Tengo mucho que agradecer al libro "El nombre del viento". Leer sobre alguien que se encuentra sin nada más que su habilidad y su esfuerzo para salir adelante y mejorar cada día de su vida. Remendando él mismo su ropa, cosiendo él mismo sus heridas. Cada pequeño logro es un tesoro que no hay que malgastar.

 Todo lo contrario a la vida regalada que tenemos casi todos los jóvenes de ahora.

Siento que tengo una vida con más comodidades de las que merezco. Aunque sea de agradecer, me iría bien sentir lo que es tener que dedicar esfuerzo en ganarme la comida, o al menos, los caprichos y comodidades. Apuesto a que de eso último, la mayoría sí tenemos más de lo que nos merecemos, y eso pasa factura. Pasa factura por medio de una entrenada pereza, por medio del conformismo, y todo eso, en masa, se reproduce a la sociedad y de nuevo pasa factura.

Un hogar pequeño, deberes que hacer, placeres baratos, tiempo de estudio y entrenamiento, armario escueto y pantalones remendados. Eso es lo que deseo hasta que me gane algo más.


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